Como una espiral, un sueño viejo II
No me importan por ejemplo el líquido reflejo del mar sobre tu cuerpo, el banco de aguamalas como una isla transparente que correteaba a los bañistas.
La sensación oscura del polvo en la lengua, el olor del pasto aplastado por nuestros pasos, el cáncer apagado en el que se convierte la noche, que es recién nacida pero crece tan de pronto como una niña de pelo largo y negro.
Tampoco me importan el canto de las mareas ni quiero saber quién dibuja cicatrices en mis manos.
Tus ojos, insectos que revolotean al aire para propagar la oscuridad.
Ni el mar ni el ruído de los peces
No me importan.
Raúl Ríos (semana santa, abril del 2009)
