Momentos
Raúl y yo odiamos el ruido de la secadora del pelo de mamá, acostados en la cama escuchamos el molesto ruido que sabemos de sobra se prolongará por 5 minutos, Raúl se baja de la cama y corre a cerrar la puerta del baño-vestidor, a su regreso me ofrece una mirada cómplice y la mejor sonrisa que alguien puede darme a las 7:30 de la mañana.
Entonces sé que compartimos los mismos genes y que su naturaleza masculina nos permite llegar a tales convenciones, es mi hijo, casi puedo asegurar que a los cuatro años, sus sensaciones, aquellas ligadas a esos momentos, son idénticas a las mías.
También odia mancharse los dedos –casi a la megalomanía- y estornuda cuando sale al sol y le gusta subir los pies en el tablero del coche y ama las computadoras.
También se llama Raúl y es mi hijo. ¿Qué más puedo decir?
