Habíamos planeado regresar al edificio antes de que cayera la noche, James conservaba la melodía en que habíamos situado el primer corte, —le mostré el guión y dejé que escuchara el ritmo machacante de los samples que había escogido una noche anterior— repetía el diálogo en su español agringado, a ratos, con la cinta en la cámara regresaba los clips como si quisiera grabarse las imágenes, aprenderse los diálogos de memoria, traducirlos del inglés a su español sucio.
Siempre tuve la sospecha de que esta manera en la que se clavan algunos pasajes en mi mente era la misma sensación, el proceso por el que pasan los fotógrafos y los pintores, tampoco tuve alguna ocasión para sentirme tocado por alguno de esos talentos, yo solo soy el guionista, el director de la película.
Así cuando atrapo alguna escena fotográfica, la belleza queda, la bloqueo en mi mente para que permanezca y permanece, como una instantánea, me puedo pasar todo el día tomando fotografías mentales, ha servido en mi proceso creativo, eso creo, le dije a Albert mi teoría de la imagen detenida, se rió y me dijo —déjate de tonterías y filma porno, eso te hará rico.
