Qué diablos, Santa María Buenos Aires tuvo un arquitecto, únicamente alguien férreo como el viejo del cigarro podía entramar los vínculos entre la ciudad real y la complicada imaginaria entelequia que significa la que se escribe desde la literatura de Onetti.

Hay cuentos que aun ahora de Onetti uno tiene que repasar y repasar para resistir entero a lo que dice ahora y dirá la próxima vez que decidas leerle, ya ven, este tipo de lectura casi animal que cambia de materia, en cada curso —y en cada estación y en cada ánimo— ya no se da mucho.

Este Onetti es el que escribió El Pozo y cuentos tan clásicos como Bienvenido Bob, también fue un portento del periodismo, menos conocido en este ámbito al menos la mitad de su vida vivió con el dinero que ganaba en la Agencia Reuters y editando revistas culturales.

Quién sabe hasta cuando la vida nos vaya a poner a otro Onetti en el camino, en tanto quédense con lo que tengan de él en la mano.