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Prosa DolorosaFebruary 23, 2009 11:08 pm

XXXIX

Dios me perdone por la oscuridad

y por las luces apagadas

Pero no me quedan más que

estas palabras que incendian la página en blanco

como insectos de fuego

que dejan tras de sí,

en sus huellas,

La historia de sus cicatrices.

 

(Poema impar de los versos de oscuridad de los Cantos Diurnos, inédito)

Octubre de 2007

Prosa DolorosaFebruary 20, 2009 11:24 pm

Tampoco podía negarlo, una niña que corría y caía gritando en la playa, su pie izquierdo contra una espina en la arena, años después una preadolescente que lloraba con un hilillo de sangre escurriendo entre sus piernas, aquellos recuerdos dolorosos pervivían latiendo en su memoria, el dolor de aquella herida en el pie y el de su primera menstruación, ambivalentes, sumergidos en el abstracto de su desorden.

A la espina de Rebeca sobrevivió una pequeña molestia que la hizo cojear por meses, su tío el doctor dijo que no era necesario abrir la herida para sacar los fragmentos, esos dolores, le explicó, con el tiempo desaparecerían en uno de aquellos milagros que los médicos entienden como orden natural. El dolor se aleja, su cuerpo absorbería el calcio de la espina, era una niña entonces, nadie le dijo que el otro dolor no, el de convertirse en mujer, ese no se va.

Años después, mientras retozaba desnuda en la habitación de Fernando, le contó mucho de estos recuerdos que ella llamaba “sucios”.

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Prosa DolorosaFebruary 18, 2009 2:51 am

Habíamos planeado regresar al edificio antes de que cayera la noche, James conservaba la melodía en que habíamos situado el primer corte, —le mostré el guión y dejé que escuchara el ritmo machacante de los samples que había escogido una noche anterior— repetía el diálogo en su español agringado, a ratos, con la cinta en la cámara regresaba los clips como si quisiera grabarse las imágenes, aprenderse los diálogos de memoria, traducirlos del inglés a su español sucio.

Siempre tuve la sospecha de que esta manera en la que se clavan algunos pasajes en mi mente era la misma sensación, el proceso por el que pasan los fotógrafos y los pintores, tampoco tuve alguna ocasión para sentirme tocado por alguno de esos talentos, yo solo soy el guionista, el director de la película.

Así cuando atrapo alguna escena fotográfica, la belleza queda, la bloqueo en mi mente para que permanezca y permanece, como una instantánea, me puedo pasar todo el día tomando fotografías mentales, ha servido en mi proceso creativo, eso creo, le dije a Albert mi teoría de la imagen detenida, se rió y me dijo —déjate de tonterías y filma porno, eso te hará rico.

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Prosa Dolorosa, PoesíaFebruary 7, 2009 1:59 pm

Qué diablos, Santa María Buenos Aires tuvo un arquitecto, únicamente alguien férreo como el viejo del cigarro podía entramar los vínculos entre la ciudad real y la complicada imaginaria entelequia que significa la que se escribe desde la literatura de Onetti.

Hay cuentos que aun ahora de Onetti uno tiene que repasar y repasar para resistir entero a lo que dice ahora y dirá la próxima vez que decidas leerle, ya ven, este tipo de lectura casi animal que cambia de materia, en cada curso —y en cada estación y en cada ánimo— ya no se da mucho.

Este Onetti es el que escribió El Pozo y cuentos tan clásicos como Bienvenido Bob, también fue un portento del periodismo, menos conocido en este ámbito al menos la mitad de su vida vivió con el dinero que ganaba en la Agencia Reuters y editando revistas culturales.

Quién sabe hasta cuando la vida nos vaya a poner a otro Onetti en el camino, en tanto quédense con lo que tengan de él en la mano.

UncategorizedFebruary 5, 2009 8:27 pm

XX

¿En qué neurona nos arde la belleza?

¿La música de Bach?

¿Los versos de Novalis?

¿Por qué llamamos memoria a ese inútil intento por detener el tiempo?

Y así simulamos cuerpos en las paredes a la que nos lanza la luz.

Si somos menos que sombras.

Voces apagadas, murmullos,

Sangre seca.

 

Raúl Ríos Trujillo

(De Versos para leer bajo la lluvia)

Prosa Dolorosa, PoesíaFebruary 3, 2009 1:58 pm

Muchas veces me he quejado de esta orfandad literal y literaria que me habita de cuerpo entero por meses, esa in-facultad de no poder platicar mis aficiones literarias, lecturas, deslecturas o todo tipo de conductas al márgen de una vida normal con alguien de vida normal.

El mister corrector del diario en el que ocupo las noches desde el inicio de este año, resultó ser una de esas personas buena para esto, (me refiero a platicar de libros y vanguardias), además de buen poeta, férreo con la imágen del crítico empedernido responsable con su espíritu, cruel cuestionador a más no poder, resulta que no es de los que les gusta a Benedetti además, es el tipo que no le cambió la vida ver “El lado oscuro del corazón” de Eliseo Subiela, eso sí, sin replanteos, es un excelente escribidor, egresado de letras y un excelente corrector de estilo, con decirles que ayer le encontró un error al periódico El País.

Toda la semana estuvo llorando la muerte de John Updike y se dobla de risa mientras corrije nuestros textos. Ante todo, el jóven Mario Alberto Bautista es un provocador, también tiene su blog y en él escribe cosas cotidianas, algunos de sus poemas y textos han sido publicados en revistas culturales de Chiapas y de México. Aunque nunca lo dice y en el periódico parece ajeno y no le guste hablar de sí mismo yo ya he seguido alguno de sus textos, me parece que es muy bueno, tanto que hace unos meses apareció su nombre en una lista que lo consigna como uno de los jóvenes poetas de México que más promesas traen a ese panorama tan árido y grandilocuente (fatal contradicción) de nuestras letras nacionales.

Le advierto querido lector de este blog, que luego de leer lo siguiente es altamente probable que opine de Mario su arrogancia y actitud ante la vida, no serán los únicos, conozco al menos dos mujeres que piensan que es un odioso, pero eso a él le importa un cacahuate. (Eso pretende que creamos aunque sabemos que llora todas las noches en su almohada.

Algo del mister.

Mario Alberto Bautista
(Mazatán, 1984)

Poética

Me parece arriesgado y aun ingenuo el consignar aquí, o en cualquier lado, una verdadera, reluciente poética. Tengo entendido que todo poeta que se respete tiene la suya propia, pero yo no me respeto mucho y, tengo que decirlo, tampoco a la mayoría de lo producido por los poetas chiapanecos de mi “generación”.

Cosas de la vida, desconfío cada vez más de las posiciones que consignan que el Mundo y la Palabra son la Respuesta, la Patentización de una Poética. Tal énfasis, tal obsesión mayúscula, me hace sentir estafado, diminuto ante visiones tan Fastuosas.

Se ha dicho hasta el hartazgo que en Chiapas uno levanta una piedra y aparece un poeta. Es cierto: pululamos, y la inmensa mayoría somos, en verdad, muy malos. Alguien debería decirnos que no tenemos mucho futuro. Alguien debería ya quitarnos nuestras becas y talleres y nuestros premios múltiples y locales. Alguien debería quemar nuestros Converse y nuestras bermudas y nuestras camisetas de María Sabina. Pero nadie lo hará; por lo menos no fuera de la cuadratura restrictiva de una mesa de café (ah, los revolucionarios de café orgánico), por lo menos no con pelos y señales, porque de hacerlo nosotros, adiós becas, talleres y premios.

Balam Rodrigo me propuso participar en este espacio y acepté. Quiero decir que hago esto por razones que tal vez sean mi “poética”: por fidelidad a una amistad y por fidelidad a mí mismo; es decir, por simple y soterrada vanidad, y ya se ve lo lejos que llega uno con tan pocas armas.

Canción de la azotea

i
noche de gatos, noche
de ronda. los
gatos

se fueron hace tiempo:

nada queda sino su olor lúbrico
y
salvaje.

ii
toda persona es una isla:

secreta, escondida,

inalcanzable.

a veces el faro emite una señal,
pero nadie responde. a veces llegan botellas con
corchos, pero están vacías
o anegadas. toda
persona es una isla. los gatos ya no están: son
—fueron— la ola negra, la ola roja
que dejó como constancia
el naufragio.

toda persona es una isla.

toma tu herramienta, construye tus murallas.

iii
esta lluvia /ay/ esta lluvia.
estos recuerdos que vienen y besan mis pies,
lamen mis piernas /ay/ como los gatos,
/ay/ como los gatos.

iv

¿vendrán esta noche con su música de sangre, con su melodía turbulenta? ¿o vendrán, acaso, con su furtivo paso de gato a mover, apenas, el espeso telón que teje mi insomnio?

v
todo lo que llevamos dentro. todo lo que en nuestro puño se reúne.

ubicación,
escape,
senderos,
senderos de esos en que la noche se funde en los caminos, las orillas,
las pupilas que iluminan el abismo, las
garras que escriben en las piedras
el poema de las navajas y la sangre. ¡tanta sangre!

las gaviotas equivocan el vuelo.
la arena
se quiebra, despeña
su certeza.

el presente fue, las palabras se repiten, los disparos fallidos siempre
aciertan. yo
fallé. y en mí no equivocaron las navajas su marca. yo siempre quise todo menos
la memoria.

y es lo que nos sobra.

vi

a medida que avanza la noche, que cruje la escritura en esta hoja, en este lápiz, en este vasto mar, en este vasto páramo, pienso —desde mi yo, desde mi ahora— en lo que hasta hoy he escrito. pienso en las palabras, en cómo brotan, en el porqué de cada palabra junto a cada recuerdo, como foto y pie, como espejo de tinta o de grafito: pequeña constelación, pequeño poema. no es esto. no es esto lo que busco hoy, esta noche, tan lejos de todo, tan cerca de la incertidumbre. los gatos de la duda ¡ah! comieron mi lengua. y no es esto, no es esto lo que busco.

vii
moverse. buscar. perseguir.
las sombras son las sombras.

al final del poema está lo opuesto de la noche.

moverse. buscar. perseguir.

vendrán los gatos. vendrá su color, su frágil música.

vendrán los gatos.

las sombras son las sombras.

lo opuesto de la noche es un misterio.

Mario Alberto Bautista. Estudia la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Chiapas. Obtuvo el primer lugar del II Premio Universitario de Poesía Joaquín Vásquez Aguilar 2005 y el primer premio de Cuento Breve en el Concurso 37 de la revista Punto de partida (UNAM, 2006). Su trabajo ha sido publicado en los volúmenes colectivos Antología arbitraria de poetas jóvenes de Chiapas (Edysis, 2005), Alba por los caminos (UNACH, 2006) y “En el vértigo de los aires. Muestra de poetas nacidos en la década de 1980” (Alforja Revista de Poesía, núm. 37, 2006). Es miembro del consejo editorial del semanario cultural El Hacedor.

PD.- Para el aludido: También la jóven “Y” opina lo mismo que la compañera “B”, So sorry Mister, otra noche sin dormir.

Prosa DolorosaFebruary 1, 2009 10:27 pm

Hace tiempo las escucho, sé de su presencia insaciable en la madera de mis muebles, encuentro sus huellas hechas polvo, las sé como se sabe una enfermedad terminal, en el centro del dolor, el sarcoma avanzando al interior del corazón de la madera, invisible, no puedo evitar pensar en el cáncer que se llevó a mi madre, royéndola por dentro, posible en su propio ruido, imagino a mi silla sufriendo el embate de sus pequeñas quijadas volviendo polvo su carne blanca, mi madre devorada por el cáncer en su larga agonía gloriosa de 14 años.

Hace mucho tuve en mis manos un raro libro de cuentos de José Saramago, se llamaba “Casi un objeto” (a fuerzas de tantas mudas de casa, alguno de mis libros han desaparecido), me acuerdo de dos o tres piezas de aquella colección de cuentos, uno de esos narra precisamente la corrupción de una silla, en analogía a una dictadura, la polilla corriendo la silla, derrumbando sus paredes interiores y sus concretas conciencias, esto para que mi memoria traiga alguna referencia literaria a la polilla.

Hoy precisamente, luego de haber dedicado mi tarde rociando mis muebles un insecticida, me encuentro con las polillas culpables de espaldas al piso, tienen aspecto de seres inofensivos pero no lo son, lucen como una especie de catarinas monstruosas, las observo lentamente, la sustancia solo ha logrado adormecerlos pero en un rato se despiertan furiosas dando dentelladas a la cápsula de cristal en las que las he encerrado, parecen feroces y lo son, no puedo evitar relacionarlas con el cáncer de mi madre, me aguanto las ganas de tirarlas al suelo y pisarlas, más raro me resulta que tengan alas.

No me lo hubiera imaginado.