Uno a veces forja sus actos de fe, sus creencias y querencias pues, en casi cualquier cosa, ¿Cómo usar las garras para detenerse del abismo desde cualquier orilla que tiemble a la hora de necesitar un asidero? Eso era yo un poco antes de conocer a tu madre y que nacieras tú, te lo confieso en secreto de padre a hijo, aunque a tu madre le atormente esta idea, no por otra cosa,  más bien por naturaleza, tiendo a ser liviano y tú y ella han sido mis plomadas y mis piedras en el bolsillo, pero un poco más tú.

Mira, te explico, uno suele ser una cometa hasta que encuentra alguien que se empeña en cogerte la mano y entonces te das cuenta que es bonito sentirse en tierra, esa fue ella, tu madre que me colocó los pies en el suelo y me planteó un fundamento, así viví con el puro fundamento de su amor un tiempo hasta que llegaste tú y entonces y entonces.

Te digo que hasta que llegaste, porque luego de aquel viernes santo en que decidiste apuntarnos apurando el paso y cogiendo por pretexto la trenza de tu ombligo en el cuello, sentí que había venido al mundo porque alguien me tenía una llamada en el teléfono a la espera, un timbre al teléfono con un recado y una misión, eras tú el que me estaba diciendo desde mucho antes de que nacieras y que naciera tu madre e incluso que naciera el mundo, eras tú diciendo con un gesto en la frente: Anda papá toma el teléfono y acepta la misión de traerme al mundo, acepta la misión de ser mi padre.

Lo había escuchado muchas veces y muchas también me escondí y no quise coger la llamada, porque es pesado esto de traer alguien y enseñarle los nortes y los mapas del mundo, es pesado pensar en apartarlo de los ortigales y de los caminos siniestros, sobre todo es cansado planear en transmutar lo sentido, cambiar de piel, en fin, morirse para nacer en ese otro, porque lo es, pequeño, hay que decirlo, tú me has planteado la única forma de trascender y hacerlo sin errores y buscar limpiarme, dejarte limpio lo que pueda servirte y servirle al mundo al que vivas, ten por seguro esto, con lo malo me quiero ir y dejarte lo poco o mucho de bueno que tenga en mis manos.

Pudiera ser también que en algún momento creas que esto tiene su parte de egoísmo y que seguro traes tus propios planes y tu misión o que de plano te empeñes en tenerme de observador y dejarme que me conforme con verte cumplir tu parte, no te desesperes en estos momentos, seguro tendremos mucho que discutirlo en el camino, no te olvides que fuiste tú quien empezó todo, eras el que tenía en sus manos el teléfono con el recado y la misión en la voz de Dios en la bocina. Yo sólo cumplo la misión de traerte y enseñarte el norte lo demás tendrás que hacerlo sólo.

Ahora cumples sólo tres años y nosotros también contigo cumplimos el mismo tiempo de estar despiertos y vivos a través de tus ojos, supongo que en esta carta sólo puedo hablar por mi, por lo menos ahora en que me enfrento a esta letras que yo sé que en poco tiempo leerás y aunque tardes en entender lo que te quiera decir lo harás con los años.

Te seguiré contando, espero seguirlo haciendo en lo que resta, hoy sólo son tres años los que cumples, ya vendrá lo demás, no desesperes.

 

Te ama

PAPA.