Gonzalo descubre su sombra
    Por: Raul Ríos Trujillo

    Cuando era niña Paty disparó un fusil que su tío guardaba detrás de la puerta, sus pequeños dedos blanquísimos acariciaron el gatillo apoyando el rifle en el suelo, cerró uno de sus ojos para afinar puntería sobre una negra mariposa que revoloteaba en la bombilla y luego.

    PUM!!!

    Sólo un ruido en sus oídos y un agudo dolor en la cara.

    Paty conserva la cicatriz que dejó en su barbilla el efecto de golpe contrario a la explosión, algo que los hombres de armas llaman patada.

    Todavía recuerda de la travesura, los redondos ojos azules de su padre levantándola en vilo con la cara ensangrentada, una pequeña herida en forma de media luna, unas cuantas gotas de sangre.

    El tío recibió del abuelo un regaño memorable y Paty, dos puntadas de hilo doméstico y una sesión exhaustiva de cura de espanto. Aún ahora, con veintiocho años le duele la herida en las lunas llenas.

    Gonzalo es el hijo de Paty, tiene apenas ocho meses de nacido pero esta tarde ya descubrió su sombra, extiende sus deditos queriendo tocar su hallazgo mientras Carlos, su padre, le sostiene en el patio.

    Gonzalo tiene los ojos verdes matizados con pequeñas manchas de un extraño color, no quiere irse del sol, parece divertirse tomando el control de la sombra en el piso, Paty le observa.

    Gonzalo descubre su sombra.. Le dice a Carlos que no logra entender la magnitud del acontecimiento.

    -¿Ya viste?
    -Y ¿Qué?

    Lo descubrió, por fin. -Dice atenta.

    -Pero ¿Qué?, -se rasca la cabeza

    Nada, Es una forma especial de sabernos existentes cuando el sol refleja nuestra materia corpórea sobre ese efecto de luz y calor en el suelo, así podemos asegurarnos que no somos una jugarreta de los colores y los reflejos que el ojo humano permite. La sombra es más física que cualquier color o cualquier ruido.

    -No te entiendo, insiste el asorado Carlos.

    Ella, con un gesto, señala desdén a su esposo. -Olvidalo.

    Esa noche antes de dormirse Carlos piensa en la reflexión de su esposa, cuanta diferencia existía en sus formas de percibir la vida, nunca imaginó que un pensamiento tal pasara por la mente de Paty, una niña lista que había crecido en un rancho.

    No tiene lógica matemática se repetía en la vigilia. La luz, las sombras, los colores y su relación con el ojo humano.

    ¿En dónde esta la metafísica?
    ¿Cómo será el mundo de los perros que no tiene una visión como la nuestra?

    Así se durmió, sabía que no terminaría el capítulo con ese pensamiento, su esposa siempre iba más allá.

    La mañana siguiente al despertar Carlos, Paty se había marchado con Gonzalo que esperaría en la guardería hasta la hora de salida de su madre.

    En el refrigerador descansaba una hoja pegada a un iman, decía en color azul y letras grandes y redondas.

    Gonzalo descubrió su sombra, no lo olvides. Atentamente: Paty.