Nada es más espeso que tu voz
    entonces
    Y me dejas tus manos de pan y leche
    Como limpia savia para alimentarme sin tus senos

    Estoy en el centro de tu lluvia

    Aquel insecto lácteo persigue tu sombra
    me conformo en tu humedad reciente
    y en lo tibio de tu sangre
    Como en tu monte de Venus

    Mis dedos llegan a tu ombligo igual que a un cometa
    Un rumor de agua me habita en el corazón

    entonces

    Soy una manzana encendida
    Una brújula sin repetición

    Estoy en tu vientre de ruido

    Nada aquí es como todo dentro de ti.

    Raúl Ríos, verano del 2005