Yo no creo en las lágrimas ni en el llanto como un instinto primario de conversión o desdoblamiento del espiritu ni demás pendejadas, tampoco es sencillo como defecar o eyacular (¿Es sencillo eyacular?), pero llorar, como es bueno.

Hace 7 años un médico me diagnostico distimia irregular, otro fue más enfático: depresión crónica, otro me explicó que los neuroconductores me fallaban, otro de plano me habló directo, dijo que estaba jodido y que no saldría de mi jodidez si no era por mis propios medios.

Fueron malos momentos y buenos de descubrimiento, digo, descubrirse es una jornada de lo más significativa para los egos como el mio, lo primero, no sé llorar, gente como yo que siempre anda buscando pretextos para hablar de sí mismo tiene el defecto de sentir una sensación ridicula y falsa de razonamiento, la razón, ah sí, ese monstruo que nos devora, el caso, no sé llorar con el alma, y eso me ocupa sentir envidia cuando veo a la gente llorando a moco tendido, daria mucho por 15 minutos de un buen llanto.

En alguna etapa del desequilibrio mental se tienen dolores terribles, “dolor mental” le llaman los Depresivos Anónimos y es peor que cualquiera de los dolores físicos que se suelen sentir, duele por ejemplo la risa, duele la música y los olores, el viento y el cariño.

Pero este texto no es terapia, que de terapia ya tuve horas y horas, el caso era hablarles de los actos de fe y del llanto, yo que no sé llorar, creo que llorar es el principio elemental de la felicidad.

Lloren mucho y sean felices por favor.