En inglés

Hace varios años cuando leí el libro “La montaña es Algo más que una Inmensa Estepa Verde” de Omar Cabezas siempre me quedó la impresión de no estar leyendo propiamente a un literato y por supuesto el libro no como propiamente una novela o cualquier texto de ficción (como desde un estado hipnotico), no obstante a pesar de que no lo precisa, está escrito en primera persona y narra las aventuras de un guerrillero sandinista en la época más álgida de guerra civil Nicaraguense, los años de lucha, la forma en que esos años los fueron cambiando y como llegó la guerrilla al poder luego de derrocar al tirano Anastasio Somosa en una mañana de 1980.
Sobre la revolución nicaraguense se ha escrito mucho y “La Montaña..” es un libro más de esos, lei en su tiempo también mucha poesía revolucionaria de Roque Daltón y Ruiseñor, me llamaba la atención una anécdota de Omar cabezas en torno a su manera de escribir, él, abogado con estudios de sociología y de ideologia socialista dice que su formación (como debe ser) es la del marxismo leninisno, no le prestaba mucha atención a aquello que llamaban otros literatura, no obstante era muy habil para contar historias, el libro del que estamos hablando que incluso fue ganador del Premio “Casa de las Américas” otorgado por el gobierno de Cuba, dice cabezas, fue escrito de forma peculiar, una amiga periodista estaduidense se dedicó a oir sus narraciones y a grabarlo en una cassete de cuya transcripción surge un libro considerado un icono de la nueva literatura latinoamericana, una que narra la vida cotidiana llena de fatalidad de muerte y violencia de un “Hombre Nuevo”. Dice Omar cabezas, que su literatura se puede dividir en antes y después de hacer el amor, y que sus mejores textos los ha escrito (o dictado) ya sea en época de vigilia sexual que es cuando le salen los textos rabiosos o inmediatamente después de tener sexo que es cuando sus textos son los más tiernos.
La Montaña

Y que por qué este tipo de literatura impactó tanto en una generación como la mia en la que los poemas de amor que se enviaban a la novia era copiados de Mario Benedetti o de otros poetas revolucionarios, precisamente por esto, por los origenes de fatalidad y humanidad desbordada de estos textos, leyendo una tesis de una chilena estudiante de letras me llegó la respuesta.
Un fantasma recorre esta literatura: la muerte. Imposible no abordar el “universal” tema de la muerte cuando lo narrado o poetizado es la violencia desatada por el enfrentamiento entre fuerzas represivas de Estado y fuerzas de resistencia revolucionarias (porque, me permito recordar, en esos términos se planteaban las cosas —y nos estamos hablando de tiempos tan lejanos: veinte años no es nada). Una literatura que busca convencer a sus lectores/as de la necesidad de comprometerse en una lucha frontal contra un sistema de opresión que utiliza la violencia extrema para sostenerse en pie, debe “elaborar” el tema de la muerte individual de manera tal de volverla “aceptable”. Debe re-escribir mitos que le confieran sentido a la muerte, de manera tal de ayudar a las personas que asumen un compromiso político que puede costarles la vida, a reconciliarse con la idea de su propio fin.

Ahora nuestros sinos son otros, los temas de los escritores y de los músicos es la depresión, el pesimismo o el dulce y ramplón romanticismo excento ya de ideales humanos, la muerte (o la vida) ya no es una ofrenda es algo que urge pase. como dice la chilena Elena Aguila Z. eso fue hace poco (veinte años no es nada) .

Omar Cabezas, guerrillero sandinista, en las primeras páginas de su testimonio La montaña es algo más que una inmensa estepa verde (1982), postula la figura del Che como modelo ético, resumiendo en una frase su propuesta: “Hay que ser como el Che”. ¿Qué significa “ser como el Che”? A estas alturas resulta más que evidente, a mi juicio, que la figura (mítica) que está detrás de la elaboración del mito del Che es la de Cristo. En estas primeras páginas del testimonio de Omar Cabezas la ecuación queda establecida: ser hombre (“nuevo”, podríamos agregar)=darlo todo por los demás (Cristo)=ser como el Che. Cabezas la completará agregando que “en Nicaragua para ser como el Che hay que ser sandinista”. En el centro del ideario sandinista estará entonces el valor del auto-sacrificio (darlo todo por la felicidad de los demás, la vida incluida).

Ahi esta la respuesta, El Che, el hombre nuevo, el nuevo jesucristo, claro que esto no le pasó a Marcos, a Marcos le faltó morir a tiempo, ahora creo es inutil, a las nuevas generaciones pues les queda luchar a muerte en contra del neoliberalismo y hacer de la globalización una verdadera aldea global y no un estado de escepción.

Raúl Ríos.