Hace casi tres años María del Rocío, mi madre, falleció. Hace tres años todavía la celebramos en el 10 de mayo, seis días después nos decía adiós para siempre, un cáncer terminal contra el que lucho 15 años logró arrebatárnosla.
Suelo hablar muy poco de esos días, una semana antes ella inició su agonía, pasábamos las noches en vela a su lado, vomitaba mucho por las noches y había que estar pendiente, perdió parte de la conciencia y nos reconocía a ratos en los últimos días, una noche antes de que se fuera estuve con ella pasando la noche, intenté abrasarla y con un gesto adusto como cuando se enojaba me dijo en un tono claro "Te voy a pedir un favor, no quiero que me abraces" me dolió mucho porque no sentí que fuera ella la que me hablara, como si fuera alguien más, era el dolor que se había apropiado de ella y la hacía hablar de esa forma, yo solo quería abrasarla y adueñarme de su inquietud quitarle un poco de miedo, no era posible, mi madre, la única persona con la que logré entenderme se había ido, de ella sólo quedaba el dolor y la enfermedad.
Estos días en los que celebramos a las madres a mí me hace más falta que nunca, el pensar que mi hijo está creciendo sin ella, imaginar todo lo que ella hubiera hecho porque su nieto estuviera bien, definitivamente me falta mucho, siempre me faltará.
La recuerdo en sus últimos días, hace tres años como un capullo frágil y seco justo como cuando la crísalida abandona su vieja carcasa de materia casi muerta, para convertirse en mariposa, ella sabía todo lo que pasaría por eso prohibió a mi hermana que mis sobrinos la vieran esos días, no permitía que nadie ajeno la viera, quería que sus nietos y sobrinos la recordaran como cuando estaba sana, venció a la muerte en muchos aspectos, nos preparó, habló con nosotros de todo eso, presentía que el dolor la iría alejando poco a poco, sabía que la la iría convirtiendo en una semilla seca.
Eso fue cuando la llevamos a enterrar, una pequeña semilla que una vez plantada en la tierra germinaría en un vistoso árbol de copas enormes cuya sombra nos cubriría, para siempre.
